La IA ya está poniendo presión sobre Recursos Humanos

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La IA ya está poniendo presión sobre Recursos Humanos

Lo que ocurre cuando las decisiones empiezan a automatizarse antes de ser pensadas

La escena se repite con pequeñas variaciones en muchas empresas de México y América Latina. 

Un reclutador abre una carpeta con perfiles prefiltrados por una herramienta de IA. No fue una decisión estratégica ni un piloto formal. 

Alguien empezó a usarla “para ahorrar tiempo”. La lista parece razonable. Los tiempos se reducen. El flujo mejora. Hasta que llega la primera pregunta incómoda: ¿por qué este candidato pasó y este otro no?

No hay una respuesta clara.

La herramienta ayudó, pero no dejó rastro del criterio.

Ese momento —aparentemente menor— es donde empieza la presión sobre Recursos Humanos.

Durante 2025, el uso cotidiano de IA generativa en el trabajo creció con rapidez en México. 

En menos de un año, pasó de ser una curiosidad exploratoria a una práctica extendida entre profesionales que la usan para redactar, resumir, comparar, clasificar y priorizar información. 

En muchos casos, sin políticas claras, sin capacitación formal y sin un marco compartido que defina qué decisiones puede mediar la IA y cuáles no.

Lo que suele pasar desapercibido es que la IA no entra primero por los grandes procesos estratégicos. Entra por las decisiones pequeñas. Por lo cotidiano. Por aquello que se repite todos los días y que nadie documenta del todo.

Ahí es donde RH empieza a absorber la fricción.


Cuando la adopción va más rápido que el criterio

En teoría, la IA se presenta como una herramienta de apoyo. En la práctica, empieza a influir en cómo se decide. Recomienda, prioriza, resume, clasifica. Reduce ambigüedad. Acelera respuestas. Y al hacerlo, modifica el flujo de trabajo real.

El problema no es que esas decisiones se aceleren. El problema es que muchas de ellas nunca estuvieron explícitamente definidas. Vivían en conversaciones, en hábitos, en el “así lo hacemos aquí”. Cuando la IA entra a ese espacio, obliga a una precisión que la organización no había hecho antes.

Y cuando algo sale mal —un sesgo percibido, una excepción mal manejada, una respuesta inconsistente— la pregunta no va al área de tecnología. Va a Recursos Humanos.

  • ¿Por qué se tomó esta decisión?
  • ¿Quién la validó?
  • ¿Es consistente con la política?
  • ¿Podemos explicarla?

RH queda en el centro no porque haya impulsado la adopción, sino porque es el área que históricamente ha custodiado el criterio, la equidad y la coherencia interna.


La presión no es tecnológica, es operativa

En América Latina, distintos análisis coinciden en que una proporción significativa del trabajo formal está expuesta a la IA generativa. No en el sentido de sustitución inmediata, sino de transformación de tareas. El impacto real ocurre cuando herramientas que procesan lenguaje y contexto empiezan a integrarse en el día a día del trabajo administrativo, del reclutamiento, del aprendizaje, de la atención interna.

Ahí aparece una presión silenciosa.

No es una presión por “usar IA”, sino por gobernar decisiones que ahora pueden ejecutarse más rápido de lo que pueden pensarse.

Un líder usa IA para responder una pregunta de política laboral.
Otro la usa para sugerir un plan de capacitación.
Un tercero para clasificar solicitudes internas.

Cada uso aislado parece inocuo. En conjunto, crean un sistema informal de decisiones automatizadas sin reglas visibles. Cuando ese sistema falla —porque inevitablemente falla— RH se convierte en el punto de contención.

La carga no se mide solo en tiempo, sino en responsabilidad.


El punto de quiebre: de asistir a ejecutar

La presión se intensifica cuando la IA deja de ser solo un asistente y empieza a integrarse en los sistemas donde el trabajo se ejecuta. Plataformas de gestión, seguimiento, tickets o conocimiento ya incorporan capas de IA que resumen conversaciones, sugieren acciones y priorizan tareas dentro del flujo operativo.

Eso cambia la naturaleza del problema.

Ya no se trata de qué texto generó una herramienta externa, sino de cómo una recomendación automática influyó en una decisión concreta: qué se atendió primero, qué se aprobó, qué se escaló, qué se descartó.

En ese contexto, la pregunta clave deja de ser “¿usamos IA?” y pasa a ser “¿bajo qué reglas está operando?”.

Si esas reglas no existen —o no son compartidas— la presión vuelve a caer sobre RH.


Gobernar sin frenar: el dilema real de RH

Recursos Humanos se enfrenta a una tensión compleja. Si frena el uso, pierde legitimidad y desconecta de la realidad operativa. Si lo deja fluir sin estructura, absorbe los riesgos.

La salida no está en grandes programas ni en documentos extensos, sino en algo más incómodo: hacer visibles las decisiones que antes estaban implícitas.

Eso implica reconocer que muchas fricciones no vienen de la IA, sino de años de trabajo no documentado: criterios tácitos, excepciones informales, acuerdos verbales. La IA simplemente los expone.

Cuando una organización convierte esos criterios en referencias claras —qué se puede automatizar, qué requiere revisión, qué nunca debe delegarse— la presión disminuye. No porque la IA haga menos, sino porque hace lo que se espera que haga.


Un ejemplo cotidiano: vacaciones

Pocas cosas ilustran mejor esta tensión que la gestión de vacaciones. Solicitudes que parecen simples esconden múltiples decisiones: elegibilidad, saldo, calendario, excepciones, aprobaciones, comunicación y registro.

Cuando todo esto depende de mensajes dispersos y validaciones manuales, RH actúa como intermediario permanente. Cuando los criterios se vuelven explícitos y la ejecución se ajusta a ellos, la carga cambia de naturaleza.

No desaparece la responsabilidad.
Desaparece la improvisación.

Ese es el tipo de presión que la IA puede aliviar o amplificar, dependiendo de cómo se integre.


Lo que realmente está en juego

La discusión sobre IA y Recursos Humanos suele quedarse en grandes palabras: futuro del trabajo, automatización, productividad. Lo que hoy está ocurriendo es más concreto y más urgente.

La IA ya está influyendo en decisiones pequeñas que, acumuladas, definen la experiencia laboral, la equidad interna y la coherencia organizacional. Y RH es el área que, por diseño, termina respondiendo por esas decisiones.

La presión no va a desaparecer.

Lo que puede cambiar es quién controla el criterio.

Las organizaciones que entiendan esto a tiempo no serán las que “adopten más IA”, sino las que conviertan sus decisiones invisibles en reglas claras antes de delegarlas.

Las demás seguirán preguntándose por qué, de repente, Recursos Humanos parece estar bajo presión todo el tiempo.

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Orlando Solís

Orlando Solís

I aim to bridge the gap between achieving company goals and nurturing employee well-being, creating environments where success and satisfaction thrive in harmony.